COLGADO DE UNA RAMA

Mi maestro el viejo Kuniyoshi se iluminó cayendo al vacío y agarrándose a una rama. Me dijo que andaba distraído pensando en el colibrí y en su ala, que es la más rápida que existe. Puede detenerse en el aire y volar hacia atrás, como el método retrogrado de los ermitaños yamabushi, tan cercanos al tao. Del néctar de su pico al rápido abanicar de sus alas el colibrí es un pájaro de luz. Kuniyoshi cayó, como hemos dicho, y estuvo así, a punto de partirse la crisma, un buen rato. Recordó aquella historia del samurai como él en el abismo agarrado a una rama: Un tigre le espera arriba y otro abajo. De repente mura la rama y ve una fresa. Satisfecho, indolente, la arranca y se la come lenta, gozosamente.
Pero volvamos con el señor Tormenta... Pasó los minutos eternos rezando para que sus dedos resistiesen el agarre, cantando y de vez en cuando silbando hasta parecer que los ojos querían escapársele de las órbitas. Finalmente fue oído.
Le rescató un maestro de esgrima que pasaba por allí camino de sus dojo ofreciéndole el extremo de su espada de madera para que se agarrase. Le dijo: " El abismo no estaba únicamente bajo tus pies, estaba dentro de ti, rodeándote, y en todas partes. La próxima vez anda más despierto y mira por donde pisas."
Después le molió a palos...
Pero volvamos con el señor Tormenta... Pasó los minutos eternos rezando para que sus dedos resistiesen el agarre, cantando y de vez en cuando silbando hasta parecer que los ojos querían escapársele de las órbitas. Finalmente fue oído.
Le rescató un maestro de esgrima que pasaba por allí camino de sus dojo ofreciéndole el extremo de su espada de madera para que se agarrase. Le dijo: " El abismo no estaba únicamente bajo tus pies, estaba dentro de ti, rodeándote, y en todas partes. La próxima vez anda más despierto y mira por donde pisas."
Después le molió a palos...




