DE ALEJANDRÍA AL RITO EGIPCIO

Zósimo de Alejandría soñaba con el hombre de oro y María la Judía calentaba sus alambiques en un baño de agua hace dos mil años. Di Sangro calentaba los suyos en el sótano de su palacio napolitano hace dos siglos y medio. El gesto es el mismo. El fuego, distinto en cada época, pero dirigido siempre hacia el mismo objetivo: que lo que es denso aprenda.

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