CAMINAR ENTRE TUMBAS
Me gusta la paz de los camposantos. Busco la bendición, la baraka, que flota en el ambiente. Visito regularmente el cementerio de Santa María Magdalena en Mortlake, Londres, donde reposa el capitán Burton. Y el de San Isidro en Cuenca, España, lugar de descanso del pintor Fernando Zóbel. Otras visitas obligadas son la zauia de Moulay as-Salim ibn Mashih, en la región del Rif, cerca de Tánger, las tumbas de los 47 ronin en Tokio, y la tumba de María Zambrano en el cementerio de Vélez-Málaga. Los cementerios son umbrales. Lugares donde el velo entre los mundos se adelgaza hasta volverse transparente. Allí, el tiempo cambia de naturaleza. Deja de fluir hacia adelante y se expande en todas direcciones, como el agua cuando rompe el dique. El pasado respira junto al presente. Los muertos conversan con los vivos en el lenguaje silencioso de las piedras. Entro en un camposanto como quien entra en un templo. Busco algo que el mundo ordinario ha olvidado: la presencia de lo sagrado en la quiet...




















