LA MUJER Y LA MUERTE MÍSTICA
Es María, la que vino del mar y también Babalón, la que lleva en su mano una copa con la sangre de los santos. Ambas prometen Revelación, Muerte y Resurrección.
Idealmente, la mort per amor o mor per amor alude a una pasión llevada hasta el paroxismo, que conduce al trovador a la muerte, aunque es, al mismo tiempo, dispensadora de gozo y juventud (gautz y jovens). En todo caso, sin llegar a ese extremo, la idealización de la amada puede rozar los límites de lo increíble, como sucede con el enamoramiento de oídas,
el célebre «amor lejano» (amor de lonh) del trovador Jaufré Rudel. Un poeta arábigo–andaluz, Ibn Muqana, escribe: «Enfermedad y languidez: he ahí lo que constituye la religión de los enamorados». Más incisivo aún, Ibn Suhayd piensa que los sufrimientos del amor son más terribles que las ansias de la muerte: «He sido dolorosamente golpeado por el amor,
hasta tal punto que si mi fin estuviera próximo no encontraría ningún dolor en gustar de la muerte». Son la Bodas Alquímicas, el A-mor Mágico.






Comentarios